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León el Continuista.

  • 7 may
  • 7 min de lectura

Columna de opinión de Eneas Espinoza.


El 8 de mayo de 2025, Robert Francis Prevost, un cardenal agustino de origen estadounidense, se convertía en el papa León XIV. Llegaba con una biografía que el Vaticano supo vender como virtud: el primer Papa con experiencia pastoral en ambos hemisferios, originario de Estados Unidos pero con una larga carrera en América Latina. Para las víctimas de abuso sexual eclesiástico, esa doble formación podía ser una oportunidad: alguien que conocía las dos caras de la Iglesia, el primer mundo y el nuestro. Un año después, ya sabemos qué significa esa "experiencia hemisférica" en la práctica: mientras en países como Francia o Bélgica avanzan las pocas acciones concretas que existen en esta lucha —comisiones de la verdad, auditorías independientes, reconocimiento público del daño—, en nuestro continente la mano es otra. Aquí, León XIV utiliza mano dura contra las víctimas que se atreven a señalar a sus obispos favoritos.


La expectativa entre los sobrevivientes era moderada pero existía: ¿sería este pontífice diferente a sus antecesores? ¿Tomaría medidas reales contra la pederastia clerical o se limitaría a continuar con el mismo libreto de gestos vacíos? Un año después, la respuesta es clara: León XIV es un papa continuista que ha priorizado la protección de las estructuras de poder de la Iglesia —y de los abusadores que ellas resguardan— por sobre la justicia para las víctimas.


El marketing del "cambio"

El Vaticano se ha esforzado en vender una imagen de renovación. En julio de 2025, León XIV nombró a monseñor Thibault Verny como nuevo presidente de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores. Un gesto que los voceros oficiales presentaron como una señal de continuidad en la lucha contra el abuso. También se han organizado reuniones "históricas" con víctimas. En octubre de 2025, recibió en el Vaticano a representantes de Ending Clergy Abuse (ECA), un encuentro que los asistentes calificaron de "esperanzador". Más tarde sostuvo una reunión de casi tres horas con 15 víctimas de abuso clerical de Bélgica.


Pero las víctimas no somos ingenuas. Sabemos que los gestos no bastan. Y la realidad demuestra que este papado se mueve en el terreno de las apariencias, no en el de las transformaciones estructurales.


Los mismos encubridores en el poder

La prueba más evidente del carácter continuista de León XIV es que ha mantenido en sus cargos a varios cardenales y obispos que han sido acusados de encubrir abusos. El caso más grave es, sin duda, el del argentino Víctor Manuel "Tucho" Fernández.

Tucho Fernández, actual prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe —el cargo clave para la supuesta lucha contra el abuso sexual clerical—, fue acusado en Argentina de encubrir a sacerdotes pederastas cuando era arzobispo de La Plata. Las víctimas del cura Eduardo Lorenzo denunciaron que Fernández ordenó cambios de destino de sacerdotes acusados y adoptó una actitud negligente frente a los testimonios de los sobrevivientes. Organizaciones de víctimas exigieron públicamente que no asumiera ese cargo, pero el Vaticano hizo oídos sordos.


León XIV podría haberlo removido. Podría haber enviado un mensaje claro de que su pontificado no toleraría a encubridores en puestos de decisión. No lo hizo. Tucho Fernández sigue siendo uno de los hombres más poderosos del Vaticano, y eso dice mucho sobre las verdaderas prioridades de este papado: proteger a los abusadores y a quienes los cubren, no a las víctimas.


Y si hablamos de Chile, el asunto es igual de grave. El cardenal Fernando Chomali, nombrado por Francisco en 2024 para "reconstruir la confianza" en la Iglesia chilena, es un encubridor serial denunciado por víctimas que pertenecen a nuestra Red de Sobrevivientes. Chomali no solo ha sido señalado por maltratar a víctimas que se atrevieron a denunciar a criminales de la Iglesia, sino que su historial incluye la denuncia de un sobreviviente a quien el cardenal declaró no haberle creído ante las acusaciones de abuso sexual, detallando además el artículo del Derecho Canónico que lo eximía de la obligación de investigar. Para peor, otro sobreviviente chileno ha denunciado que Chomali se negó a ayudarlo tras ser abusado por el sacerdote Reinaldo Méndez Sánchez en 2002. La Red de Sobrevivientes de Chile lo ha acusado públicamente como "encubridor de abusadores de su Iglesia y además un maltratador de víctimas". León XIV lo sabe perfectamente. Cada informe que llega al Vaticano, cada declaración pública. Y sin embargo, al igual que con Tucho Fernández y otros jerarcas acusados, Prevost lo sostiene en el cargo.


El pinponeo y el desgaste de las víctimas

Una de las prácticas más viejas y efectivas del manual de encubrimiento eclesiástico es el "pinpon" de responsabilidades. El mecanismo es sencillo y letal: la víctima denuncia ante el obispo local, quien se lava las manos y deriva el caso al Vaticano. El Vaticano, a su vez, responde que no tiene competencia o que debe ser resuelto por la diócesis de origen. Y así, las víctimas pasamos años en un laberinto burocrático que no lleva a ningún lado. De esta manera, consiguen tiempo, se desligan mutuamente de cualquier acción concreta y, de paso, evaden a la justicia en los diferentes países. León XIV no sólo ha heredado este sistema, lo ha perpetuado.


Un ejemplo reciente: en diciembre de 2025, sobrevivientes de abuso clerical realizaron una conferencia de prensa para presentar nuevas pruebas que demuestran que León XIV, cuando aún era obispo en Chiclayo (Perú), concedió una dispensa para cerrar la investigación interna de un sacerdote acusado, utilizando su autoridad papal para evitar testificar sobre su participación en el encubrimiento de abuso sexual infantil en Perú. No fue un error, fue una decisión. Prevost sabía perfectamente lo que hacía.


Las pocas acciones (insuficientes) y las contradicciones

A favor del pontífice hay que reconocer que aceptó la renuncia del obispo español Rafael Zornoza, acusado de abusar de un seminarista durante años. Fue la primera vez que León XIV destituyó a un obispo acusado. Pero el gesto llegó tarde —la renuncia había sido presentada un año antes y solo se aceptó después de que el caso fuera expuesto por la prensa— y, además, no se ha convertido en una política sistemática. Sigue siendo la excepción, no la regla.


El mismo patrón de gestos inconclusos se repite con el caso Sodalicio en Perú, donde este Papa también ha aplicado su nuevo método fotográfico: mostrarse con víctimas y, en apariencia, avanzar sobre una reforma que no termina de suceder. Durante su etapa como obispo en Chiclayo, Prevost fue uno de los pocos líderes eclesiásticos que escuchó a los sobrevivientes de este poderoso grupo ultracatólico disuelto por Francisco en enero de 2025, e impulsó los engranajes vaticanos para que se investigara. Sin embargo, mientras el Vaticano habilita en mayo de 2026 un canal de escucha en su sede diplomática de Lima para recibir a víctimas que se consideren no resarcidas adecuadamente, los sobrevivientes denuncian que la supresión del Sodalicio fue "una mentira", que sus líderes "siguen libres, cambiando de nombre a sus obras" y que la Iglesia "mintió otra vez" al no haber una verdadera rendición de cuentas. Como declaró la Red de Sobrevivientes Perú, "la supresión real no ha existido, sino que se ha dado una 'supresión nominal'". Belén de la Cruz, sobreviviente entrevistada por Associated Press, lo expresó con crudeza: “¿Para qué queremos una disolución si seguimos sin justicia?”. Mientras los gestos de acercamiento se multiplican, la impunidad de los poderosos de la Iglesia continúa intacta, y las víctimas exigiendo hechos, no fotografías.


SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests), la organización de sobrevivientes de abuso clerical más antigua del continente, conoce muy bien el modus operandi de la Iglesia y Prevost es un viejo conocido para ellos. Por eso, cuando León XIV promovió a Filippo Iannone a un cargo clave, SNAP no dudó en denunciarlo: "Iannone's promotion sends a chilling message to abuse victims around the world ... It was Iannone who shaped the church law on sexual abuse to guarantee that zero tolerance for abusers, and accountability for the bishops who covered it up, would never be included". Es decir, el Papa colocó en un puesto de supervisión de obispos a quien diseñó las leyes para que la tolerancia cero jamás fuera incluida en el derecho canónico. Si eso no es continuismo encubridor estamos todos locos.


El secreto pontificio y los archivos que no abren

Pero hay un punto aún más central, que ninguna reunión con víctimas puede maquillar. No creemos en una real lucha contra el abuso sexual clerical hasta que la Iglesia no entregue a la justicia nacional en todos los países donde opera la información que tiene de los curas abusadores. Esa información es MUCHA. Está en los archivos de los obispados, en las carpetas del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Sabemos de cartas, de traslados encubiertos, de denuncias archivadas bajo secreto pontificio. Y mientras permanezca oculta, protegida por la complicidad jerárquica, los abusadores seguirán libres y las víctimas seguiremos sin justicia.


El Vaticano sabe, siempre supo, acá no hay problemas de información, es una “cultura del abuso y el encubrimiento” como dijo el mismo papa Francisco. Documentos internos e inéditos del Dicasterio de la Doctrina de la Fe revelan que ya en la década de 1930, ante la amenaza de una ocupación nazi del Vaticano, se dio orden expresa de "quemar todo" para borrar los archivos de religiosos pederastas. Esa misma lógica de ocultación se ha perpetuado hasta nuestros días. Mientras el Vaticano no abra sus archivos y entregue la información a las fiscalías de cada país, cualquier declaración de "tolerancia cero" será pura fachada.


Balance de un año: mucho ruido, pocas nueces

Un año de papado de León XIV nos ha dejado un saldo desalentador: gestos de marketing, reuniones con víctimas que no se traducen en políticas vinculantes, encubridores enquistados en el poder y una promesa incumplida de "tolerancia cero" que se estrella una y otra vez contra el muro de la protección institucional.


León XIV ha demostrado ser, como tantos antes que él, un papa que escucha pero no actúa, que promete pero no cumple, que se fotografía con sobrevivientes pero mantiene en el poder a quienes han encubierto a los abusadores durante décadas.


Que conste en acta: este primer año de papado no nos ha encontrado esperando. Porque las víctimas ya no esperamos nada de esta Iglesia. La Iglesia de León, el Papa que encubre a los abusadores, nos manda un mensaje claro con cada nombramiento, con cada silencio, con cada archivo que no se abre: "¿Para qué vas a hablar?". Ese es su lema. Eso es lo que nos dice cuando mantiene a Tucho Fernández, a Chomali, a los mismos de siempre. Nos quiere en silencio, nos pospone, nos maltrata con su burocracia infinita y su falsa compasión.


Pero nosotras no nos callamos. Seguimos denunciando. Cada día. En cada medio. En cada esquina. Enfrentamos a un poder que tiene recursos gigantescos, que controla tribunales, que negocia con gobiernos, que acumula siglos de experiencia en el arte de la impunidad. Y de este lado, lo único que tenemos —pero es todo— es la fuerza de lo colectivo. La red que nos sostiene. Las voces que se suman. Los sobrevivientes que ya no tienen miedo. Eso es lo que la Iglesia no puede comprar ni silenciar.


Que lo sepa León el Continuista: no vamos a dejar de hablar.




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