top of page

Victimas activistas

  • hace 10 horas
  • 3 min de lectura
Victimas activistas
Victimas activistas

“Estás lleno de odio”, me señaló hace poco una mujer católica, porque sigo reclamando justicia para las víctimas de curas abusadores. Quienes nos dedicamos a la defensa de los derechos de quienes fuimos y quienes son hoy víctimas de violencia sexual en la infancia somos cuestionados por esta supuesta incapacidad de “soltar”, “dejar atrás”, “dar vuelta la página”, perdonar, olvidar. Los supuestos sinónimos de sanar.


Se nos dice que estamos afectados al grado de que vemos criminales en todos lados. También se nos reclama que carecemos de la formación profesional necesaria, o que nos falta reunir pruebas, que no conocemos de leyes y salud mental. 


Estamos dañados por el trauma. De eso entendemos demasiado. Parece que las victimas activistas además tenemos que rendir cuentas.


Entonces, quienes pudimos estudiamos psicología, otros derecho o medicina, formalmente o como aprendizaje secundario. Nos vimos juntando literatura científica, investigando, aprendiendo derecho comparado.


Y sin embargo.


Fuimos a buscar expertos, profesionales, pruebas empíricas. Trabajamos con universidades y especialistas. Aprendimos a organizarnos y funcionar en equipo. Acercamos al legislador los elementos necesarios para actualizar las normas. Preguntamos a Naciones Unidas y otros organismos internacionales y vinimos a demostrar cómo efectivamente la violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes es un crimen de lesa humanidad, imprescriptible, del tipo que se juzga con la mayor celeridad y dureza porque el Estado es responsable, por acción directa de sus propios agentes o  indirecta por la negligencia frente a este delito. Sumamos a nuestras voces las de quienes, desde sus saberes e investigaciones, sin despertar sospechas de odio ni resentimiento, sin el sesgo de la experiencia vivida, confirmaron lo que sabíamos.


Y sin embargo.


Fuimos a los medios, la prensa mostró los casos, tuvo rating y premios. La sociedad se conmovió con nuestros testimonios y relatos. Se indignó ante el accionar impune de los criminales en entornos institucionales y sus encubridores. Hubo marchas, pancartas, protestas.


Y sin embargo.


Los despachos del poder judicial acumulan expedientes, esperando el siguiente momento de distracción para sobreseer a cuanto abusador pudimos denunciar. No importa la cantidad de antecedentes, jurisprudencia, derecho comparado, reclamos por el control de convencionalidad que nadie realiza. Se ignora a las víctimas, se les niega justicia.


Y sin embargo.


Las secretarías del poder legislativo acumulan proyectos, indicaciones, modificaciones que le cambiarían la vida a cientos de miles de personas y no avanzan, porque el lobby de las instituciones criminales cuenta con demasiados recursos. Dinero, influencias. Las leyes que logramos salen demasiado perfectibles, como para no hacer demasiada diferencia.


Y sin embargo.


Nos quieren convencer de que no veremos ni avances legislativos ni condenas reales, no importa lo que hagamos. A olvidarse de que algo cambie y se rompa la impunidad de quienes violaron, violan, y seguirán violando infancias. No importa cuánto estudiemos, llevemos pruebas y datos científicos, expertos, investigaciones. Experiencias de otros países, testimonios, cifras. A perder vida persiguiendo lo que ahora sí impulsará un cambio, una vida que ya es más corta para las personas que padecieron violencia sexual en la infancia que para las que no.


Y sin embargo.


Ya nos sentirnos personajes de El Proceso de Kafta e igual no bajamos los brazos. Sabemos que no todas las causas son llevadas por las mismas víctimas, pero en Derechos Humanos es la única forma de sostener el activismo. Y lo hacemos por nuestros casos y por los que vienen, los que aún no pudieron poner en palabras y van a necesitar todo eso que nosotros no tuvimos.


Las víctimas sabemos pensar los espacios institucionales para prevenir nuevos delitos, cómo reparar de la mejor forma posible a quienes ya los padecimos, cómo desarrollar campañas de prevención, trabajar en terreno y redactar nuevas leyes. Dejen de ver odio donde hay lucha, entiendan que el activismo sana, repara a toda la sociedad y protege a sus infancias.


Eneas Espinoza Gallardo

Fundador y Vocero Red de Sobrevivientes Chile


Columna de opinión publicada orginalmente en:

bottom of page