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Otra Vez Papa

  • hace 10 minutos
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Otra vez Papa
Otra vez Papa

Hay noticias que movilizan. La iglesia Católica cuenta con el entusiasmo de todo el pueblo de Dios al anunciar que el Papa León XIV visitará Argentina, Uruguay y Perú en noviembre de este año. Y por fuera de todo el pueblo de Dios andamos sus víctimas, movilizando por otras razones.


Las víctimas y sobrevivientes de violencia sexual en la infancia en entornos eclesiásticos ya nos acostumbramos al desparpajo del Vaticano. Nos quitaron todo, hasta el miedo. Lo que duele ahora es la reacción social. Y sobre todo la de los sectores aliados de nuestra causa. Organizaciones de Derechos Humanos. Activistas. Familia, colegas, instituciones. Compañeras y compañeros de militancia. Las y los que nos acompañamos en la lucha contra el avance de la represión, el miedo, la ignorancia, la deshumanización, la destrucción de los Estados de derecho. ¿Nos piden aplaudir la venida de Prevost mientras defienden los derechos de las niñeces, la educación sexual integral ESI, los derechos reproductivos de las mujeres? ¿Apoyan el reclamo por verdad, justicia y reparación para crímenes de lesa humanidad pero omitamos que el Vaticano está implicado en unos cuantos? ¿Una encíclica que cuestiona la tecnocracia sin marco teórico lo vuelve un Estado progresista? ¿Una mención a la falta de pan y trabajo es un guiño a los sectores populares? ¿El lenguaje coloquial y la cintura política de Francisco fueron un nuevo cisma? ¿Por qué bajar las banderas ahora si aprendimos a desconfiar, a leer entre líneas, a detectar la demagogia?   


Se aferran a la idea de que la gira papal servirá para combatir la pobreza, fomentar el acceso al trabajo, reconstruir lo que queda de tejido social ante el avance de las derechas extremas. Aliados históricos de la lucha contra la violencia sexual nos piden dejar de lado nuestras denuncias contra el monarca de la Santa Sede y los crímenes de la Iglesia, omitir en las noticias la responsabilidad personal e institucional de este Papa y de los anteriores.


Esto de acomodar la postura en función de lo que podría servirles para causas de mayor relevancia no es nuevo y les adelanto que no ayuda un carajo. En Argentina es imposible que te escuchen cuando denuncias que Bergoglio, alias Papa Francisco, protegió a quienes me violentaron en la niñez en la congregación marista en Chile. Mi testimonio permanece silenciado en los medios. Bergoglio recibió en sus manos la carpeta del caso maristas, y la sepultó en un cajón de palacio. No soy el único caso. Hay decenas de denuncias sobre su rol de encubridor, primero como obispo, luego como Papa. Cuando era cabeza de la Iglesia argentina respondió con silencioso desprecio a las denuncias contra el hermano marianista y docente Fernando Picciochi, quien sólo por la lucha de uno de sus denunciantes, Sebastián Cuattromo, recibió una condena de 12 años de prisión por el delito de corrupción de menores calificada en el Colegio Marianista del barrio porteño de Caballito. El currículum del Papa argentino como encubridor es extensa e incluye al obispo de la diócesis de Orán (Salta, Argentina), a quien protegió llevándolo al Vaticano para evadir la justicia nacional que lo condenó a "abuso sexual simple continuado agravado por haber sido cometido por un ministro de culto religioso" en perjuicio de dos seminaristas. Mientras ejercía como arzobispo de Buenos Aires y era presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Jorge Mario Bergoglio financió un abultado estudio jurídico en defensa del cura Julio César Grassi. Cuatro volúmenes (de más de 2000 páginas en total) forman los "Estudios sobre la acusación a Julio César Grassi" editados a fines de 2011. Los libros argumentan en detalle que las acusaciones de los denunciantes eran falsas, que el juicio estaba viciado y que el sacerdote era víctima de una "condena mediática". Abogados de las víctimas denunciaron que el Episcopado argentino repartió masivamente estos tomos en despachos judiciales para presionar y torcer el dictamen de los magistrados. A pesar de la defensa financiada por Bergoglio, la justicia argentina mantuvo firmes los fallos y la Corte Suprema de Justicia de la Nación ratificó en 2017 de forma definitiva la condena de 15 años de prisión contra Grassi por abuso sexual infantil y corrupción de menores. La respuesta de Francisco fue mantener a este violador de niños pobres como sacerdote, quien hasta hoy cumple condena en cárceles argentinas. La pérdida de la investidura clerical es un mecanismo exclusivo del Papa. Francisco dejó muy en claro que los torturadores pueden ser curas sin incomodar al Vaticano. Ahí está el sacerdote Christian Federico Von Wernich, quien se desempeñó como capellán de la Policía de la Provincia de Buenos Aires durante la última dictadura militar. A pesar de haber sido condenado a reclusión perpetua en 2007 por crímenes de lesa humanidad (hallado culpable de coautoría en 7 homicidios calificados, 31 casos de tortura y 34 secuestros), sigue siendo legalmente sacerdote católico. A este jerarca se propone como un nuevo santo de la Iglesia y de eso tiene pensado hablar en noviembre León XIV durante su visita a la Argentina.


Ahora con Prevost hay que callarse porque suponen que va a criticar a Kast, a Milei, a Keiko, a de la Espriella, a Bukele, ¿en serio? Dejemos de lado las sospechas que ha sabido desviar sobre su rol de encubridor, por ejemplo en el  caso de las tres hermanas en Chiclayo, Perú, abusadas sexualmente entre 2004 y 2006 cuando eran niñas por dos sacerdotes de la diócesis. O las alegaciones de  SNAP (Red de Sobrevivientes de Abuso por Sacerdotes de Estados Unidos) que lo acusan de no abrir una investigación canónica adecuada cuando se reunieron con él en 2022. Señalan que, en lugar de actuar, les derivó a un centro de escucha. Según las denunciantes, los sacerdotes acusados continuaron oficiando misa y apareciendo en actos públicos, incluso con Prevost. Ya como Prefecto del Dicasterio para los Obispos, nombrado por el Papa Francisco en 2023, Prevost era el encargado de supervisar los casos contra obispos acusados de abusos o encubrimientos. Organizaciones como SNAP y Bishop Accountability lo responsabilizan de la opacidad del proceso y remarcan que bajo su supervisión ningún obispo cómplice fue despojado de su título. De todo eso, ni una palabra durante la visita oficial.


Nuestros compañeros y compañeras de lucha de pronto nos sugieren no hablar de cómo la Iglesia Católica al investigarse a sí misma violenta reiteradamente los derechos de los denunciantes. Organismos de Naciones Unidas señalaron de manera reiterada que el Vaticano se apoya en  su sistema judicial canónico para perpetuar una cultura de impunidad. El Comité de los Derechos del Niño acusó a la Santa Sede de no reconocer “la magnitud de los crímenes” y de adoptar “políticas y prácticas que llevaron a la continuación de abusos a menores y a la impunidad de los responsables”. Una de las prácticas más denunciadas, y sistematizadas, es el traslado de sacerdotes abusadores entre parroquias o países para encubrir sus crímenes, lo que facilita el contacto con menores y la reincidencia. El Comité contra la Tortura declaró al Vaticano responsable por los abusos cometidos por su clero en todo el mundo, desestimando el argumento de que carece de jurisdicción fuera de su territorio, y señaló que el derecho canónico no contempla la protección, apoyo o compensación a las víctimas.


Compañeros, compañeras en la lucha por los Derechos Humanos, ¿alcanza que el Vaticano, un Estado al fin y al cabo, haya ratificado sólo tres de los nueve tratados internacionales que nos respaldan? La Santa Sede es Estado firmante de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (1965), la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (1984) y la Convención sobre los derechos del niño (1989). Igual sólo con sistematizar y encubrir la violencia sexual contra las infancias bajo su control, no cumple con ninguno.


Nos opinan que la visita del monarca de la Santa Sede no sería momento para hablar de los derechos de los denunciantes y del acceso a la justicia, siendo que la ONU afirma que el Vaticano prioriza la reputación de la Iglesia por sobre el interés superior de niños, niñas y adolescentes y obstaculiza activamente los procesos judiciales civiles. Expertos en derechos humanos denunciaron en 2021 que la Iglesia Católica implementa “prácticas obstructivas” y utiliza acuerdos con Estados para limitar la capacidad de las autoridades civiles de investigar o procesar a los acusados. Pese a los supuestos avances que condujo Francisco (como la abolición del secreto pontificio sólo en casos muy puntuales), la denuncia ante autoridades civiles sigue sin ser obligatoria y la Iglesia presiona para mantener plazos de prescripción que hacen imposible que las víctimas denuncien al alcanzar la edad adulta. La relatoría especial de la ONU insistió en que el Vaticano debe garantizar investigaciones “rápidas, exhaustivas y públicas”, el enjuiciamiento de los agresores y una reparación integral para las víctimas, subrayando que la carga de abordar este crimen no puede recaer solo en quienes tienen la valentía de denunciar. A todo eso ni Bergoglio ni Prevost dieron respuesta.


Un capítulo aparte es lo aberrante que resulta categorizar la lucha de las víctimas de delitos contra los derechos humanos (eso somos quienes padecimos ASI en entornos institucionales). ¿Hay víctimas más víctimas que otras?¿Realmente encarcelar violadores de niñas, niños y adolescentes, perseguir a sus encubridores y denunciar la impunidad estructural que sostiene el poder del Vaticano en todo el mundo es una causa secundaria? ¿De verdad creen que pedirnos bajar los decibeles nos sirve a todos para estar más unidos contra las derechas en la región?


Ya les adelanto dos cositas. Una, los sobrevivientes de los crímenes de violencia sexual en la Iglesia, los que todavía estamos y podemos, andaremos a grito pelado durante la gira pontificia. Como sucedió recién en España, ahí estuvieron, ignoradas pero presentes, las agrupaciones de víctimas que no se le arrodillan. Adentro y afuera de sus eventos, en la calle, en los medios, habrá que sacarnos por la fuerza, amordazarnos, no importa. Otra, el Papa no viene a confrontar a los gobiernos fachos. Será una ventaja política para las derechas recibirlo en sus países. Sus declaraciones sobre la paz y el hambre no movilizan a las sociedades contra las fuerzas que les oprimen. Las anestesian con una dimensión de consuelo y resignación que les sostiene el poder sin límites éticos o jurídicos. Tampoco se va a poner un pañuelo verde, levantar la bandera del Orgullo ni exigir la ESI. Es la Iglesia. Es el Papa. No viene a hablarnos a nosotros ni a ustedes. Viene, como siempre y como los demás, a advertirnos y a marcar territorio. A donde vaya, se lo llenaremos de verdades. 



Eneas Espinoza Gallardo

Fundador y Vocero Red de Sobrevivientes Chile


Columna de opinión publicada orginalmente en:

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