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Carta de víctimas de Felipe Berrios: enfrentamos sin recursos a un poderoso sin escrúpulos

  • Foto del escritor: Red de Sobrevivientes
    Red de Sobrevivientes
  • hace 2 minutos
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Santiago, 9 de Febrero de 2026


Han sido casi 4 años desde que comenzó el proceso de denunciar a Felipe Berrios, llenos de miedo y angustia, pero con la tranquilidad que da la convicción de estar haciendo lo correcto, de mostrar la verdadera cara de nuestro abusador, el cual ha tenido durante largos años inmenso poder en nuestro país, tanto como religioso, guía espiritual y acompañante de gran cantidad de jóvenes, así como comunicacional y político, instalándose como un referente y líder de opinión entre las élites sociales, llevando como bandera de lucha su opción por los más pobres y sobretodo la dignidad de la vida en campamentos.


Luego de una denuncia dirigida al Arzobispado de Santiago, la cual fue derivada a la Compañía de Jesús, esta inició una investigación previa a cargo de la abogada Ma Elena Santibanez. A partir de la primera denuncia, otras 7 mujeres quisieron levantar la voz y se acercaron a denunciar, todo lo cual derivó en una investigación que contó con la declaración de más de 40 testigos, concluyendo la verosimilitud de nuestros relatos. Terminada esta investigación previa, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe inicia un Proceso Administrativo Penal, a cargo del Padre Dante Simon, Vicario Judicial de la Arquidiócesis de Córdoba. El Padre Simon se presentó en Chile, tomó declaración a algunas denunciantes, así como también recibió la defensa de FB, acompañado, a diferencia de todas nosotras, de un abogado canonista defensor. Luego de esta investigación, el Padre General de la Compania de Jesus, decretó la expulsión de FB de la Compañía, prohibiendo también el ejercicio público del sacerdocio y todo contacto pastoral con menores por 10 años, argumentando que “pudo establecer que Felipe Berrios es culpable de delitos contra el sexto mandamiento cometidos con menores de edad y delitos de solicitación a pecar en contra del sexto mandamiento, durante o con ocasión de la confesión. 1 ”


Felipe Berrios presenta una apelación al DDF, la cual nos informan, a través de un llamado por teléfono el 9 de diciembre pasado, que fue acogida, dejando sin efecto las sanciones previamente impuestas. No entendimos qué había pasado entre un fallo y el otro, y la angustia de esta nueva noticia hizo que las denunciantes nos buscaramos, logrando contactarnos por whatsapp 4 de las 8 denunciantes, lo que generó un espacio inmediato de refugio y empatía con la sensación de injusticia y abandono que estábamos viviendo, a pesar de que no nos conocíamos, nos dimos cuenta de que nuestras vivencias eran muy similares. 1 Datos sacados de los comunicados emitidos por la compañía de Jesús en su página http://jesuitas.cl.


Durante los días que siguieron, nos encontramos con Felipe Berrios dando una entrevista en Tele13 radio, donde entre otras cosas, niega acordarse de nosotras y expresa que probablemente somos “personas dañadas, débiles y que hemos tenido malas experiencias”. Por otra parte, sale a la luz, citado textualmente, parte del fallo del DDF, filtrado por el mismo beneficiado (lo que sabemos por los antecedentes que la misma Compañía ha logrado recabar), y eligiendo a su conveniencia partes del mismo, donde demuestra, no solo el gran poder mediático y comunicacional que tiene para acceder a estas entrevistas y asegurarse de que se filtre lo que le conviene, sino, nuevamente, su personalidad narcisa y abusadora, preocupándose poco y nada por los protocolos de confidencialidad de dicho documento y menos por el efecto que esta filtración podría tener en nosotras, las denunciantes.


En la confusión de no entender que había sucedido, y porque, como denunciantes no teníamos derecho a acceder al fallo resolutorio, una de nosotras envía una carta al Padre General de la compañía en Roma, con el objetivo, entre otros, de que nos explique lo sucedido y de la autorización de acceder al fallo del Dicasterio. Gracias a la respuesta del Padre General, obtuvimos la autorización para acceder al fallo. En este, quienes han podido acceder a él, se encontraron con argumentos que denotan el nulo conocimiento sobre trauma complejo, enfoque de género y abuso sexual, además de la omisión de la relación abusiva y de poder que FB ejercía con nosotras y con algunas de nuestras familias.


Por citar algunos ejemplos en base a los cuales “no se encontró certeza moral” de los hechos que denunciamos, los que, insistimos, ya estaban largamente investigados y corroborados, que claramente dan cuenta de la falta de los enfoques previamente enunciados, que debiese manejar cualquier profesional o persona que tenga experiencia en abuso sexual, género y trauma complejo:


- “Se considera también ilógica la reacción que la madre habría tenido justo al momento de los hechos (...) No se entiende cómo es que la madre no se haya interesado en conocer mejor la dinámica de dichos tocamientos, confrontar al reo, interrogar a su hija sobre el momento oportuno. Tampoco se entiende que no haya informado el asunto a nadie, ni siquiera a su marido.”


- “Tampoco parece lógico que ante una situación de tal envergadura sus padres no hayan actuado, ni siquiera buscando avisar (...)


- “La denunciante, no ha explicado más y mejor cómo es que no denunció antes, siendo que todas las personas a las que les fue narrando los hechos la creían”


Nos encontramos pues, con una lógica antojadiza, donde se ponderan las reacciones de las denunciantes luego de cometido el abuso, así como las de las personas que fueron testigos y oyeron los relatos cuando sucedieron. La lógica presentada en el fallo de apelación de Berrios, bajo la cual “no se encuentra certeza moral a nuestros relatos” fue una nueva puñalada al corazón, una revictimización profunda y un insulto al proceso de investigación al que nos sometimos.


Felipe Berrios contó con la defensa de una abogada canonista, quien presentó el recurso de apelación ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Nosotras, a ciegas, confiamos en la institución, que en ningún momento nos dio la oportunidad para defendernos, volver sobre nuestros testimonios, o apelar a ninguna decisión. Todo esto queda en manos de un “promotor de justicia” en el Vaticano, que optó por nosotras por la decisión de no apelar.


Hemos tenido que enfrentarnos, sin recursos, a un hombre poderoso y sin escrúpulos, con acceso a abogados de renombre, tanto en lo penal como en lo canónico, y asesoría comunicacional, con espacio en los medios de comunicación que solo quieren escuchar la voz del acusado. Intentamos en un primer momento dar testimonio, en forma de entrevistas o algún reportaje, pero ningún medio se “prestó” para esto. Tristemente, no contamos con el mismo poder que tiene Felipe Berrios, a quien nos hemos dado cuenta que no solo está protegiendo el DDF, sino los medios en Chile, quienes fácilmente le prestaron el micrófono en vivo para una entrevista en la radio a días de haberse conocido el fallo.


No quisimos ni pudimos quedarnos tranquilas y hemos podido darnos cuenta de lo injusto que fue el proceso de denuncia para nosotras. En primer lugar, nos damos cuenta de la profunda asimetría en el proceso, en el cual FB contó todo el tiempo con defensa técnica especializada, contrastando con nosotras, que no contamos con ningún tipo de acompañamiento legal necesario. El proceso fue opaco para nosotras, las denunciantes, nunca tuvimos acceso al expediente (hasta el día de hoy), ni siquiera cada una a sus propias declaraciones, ni para qué decir a los fallos, los que se nos entregaron luego de un permiso especial gestionado por nosotras mismas. Esta reserva nos sitúa como meros insumos del proceso y no como partes activas del mismo.


En segundo lugar, el fallo que admite el recurso de apelación presentado por Berrios, utiliza criterios que ignoran la psicología del abuso, ampliamente estudiado, cuestionando la falta de denuncia inmediata o las reacciones del entorno familiar, pero no cuestiona la verosimilitud que ya se había dado por comprobada, así como tampoco se hace cargo del patrón de conducta identificada por el mismo DDF.


Tenemos miedo, sabemos que nos enfrentamos a una persona hábil, lleno de contactos, con conocidos y amistades dentro de las más altas esferas del poder de la Iglesia, los medios de comunicación y la sociedad chilena, quienes han preferido respaldarlo con resquicios legales que enfrentarse a las consecuencias de asumir la verdad que les mostramos. Felipe Berrios es un abusador, un “jesuita apasionado”, dice en su carta de dimisión, pero donde muchas veces esa pasión se desordenó, dejándose llevar por los impulsos y deseos descontrolados, que, aprovechando de encontrarse a solas con adolescentes, hicieron que fuéramos abusadas. ¿Nos violó? No. “Solamente” nos manoseo, nos abrazó con fuerza contra su erección, metió sus dedos en nuestra boca, opinó libidinosamente sobre nuestros cuerpos, nos incito a masturbarnos y a contarle sobre nuestras sensaciones; todo esto a niñas y adolescentes, que confiaron en él como guia espiritual, como referente por todo lo que públicamente demostraba ser y hacer, y que poca experiencia tenían en el ámbito de la sexualidad como para realmente entender lo que este hombre, adulto y en situación de poder, nos estaba haciendo, dejando heridas psíquicas y emocionales a las que solo como adultas podemos poner nombre y reprocesar, pero dejando heridas que sabemos nunca podrán ser reparadas. Estos hechos se dieron sin nuestro consentimiento, y en muchos de los casos, en contextos de confesión.


El propósito de la denuncia inicial, fue poner sobreaviso a las autoridades competentes sobre las conductas abusivas de este sacerdote, confiamos en la Iglesia, y nos duele y angustia ver como, habiendo vivido todo este proceso de investigación, sanción y luego apelación, Felipe Berrios se vuelve a erigir ahora como mártir, vuelve a tener poder en la opinión pública y dentro de la Iglesia, logrando, una vez más, demostrar su poderío, no solo con niñas y adolescentes, sino con las más altas esferas del poder. Hoy está tramitando su renuncia a la Compania de Jesús, sabemos que no puede quedar como cura vago, pero la verdad, incluso renunciando al Ministerio Sacerdotal, sigue siendo un abusador a quien la misma Iglesia ha decidido respaldar, y que puede seguir abusando amparado en su discurso de que “la verdad lo ha hecho libre”, el cual los medios de comunicación han ayudado a instalar.


No queremos perder la esperanza, no queremos dejar de luchar por contar nuestra verdad, no queremos que gane el poder de aquellos que usan el nombre de Dios para tapar sus pecados. Habiéndose cerrado todas las puertas de la justicia institucional, solo nos tenemos entre nosotras, y queremos ser voz y red para quienes están solos, siendo cuestionados o juzgados.


Con la esperanza de que nuestra historia ayude a resignificar a una iglesia que ha desestimado nuestro dolor y para proteger a otros cuyas voces también han sido silenciadas, se despiden,


Antonia

F.G.

C.B.

P.P.

Denunciantes de Felipe Berrios.



+No hacemos públicos nuestros nombres porque vivimos en un contexto donde aún se cuestiona a las mujeres por este tipo de hechos. Porque hemos sufrido cuestionamientos y amenazas en espacios que solían ser seguros. Porque vivimos en una sociedad que aún juzga y cuestiona a las víctimas, no a los victimarios, menos cuando ostentan poder.

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