El nombre del "Papa Viajero": la omnipresencia urbana y la sombra de la impunidad
- Red de Sobrevivientes
- hace 16 horas
- 4 Min. de lectura
La figura de Juan Pablo II ha vuelto al centro del debate público tras la circulación de fotografías y documentos que lo vinculan con el entorno de Jeffrey Epstein. No es una sorpresa para ninguna víctima de abuso eclesiástico volver a verlo vinculado a redes de pedofilia y violencia sexual contra infancias. Este nuevo foco mediático alumbra una geografía urbana que, durante décadas, ha glorificado su nombre en cada rincón del planeta y elude su protagonismo en el encubrimiento de la pederastia clerical.
La ausencia de rendición de cuentas y transparencia fueron marca de la gestión de Juan Pablo II que quedaron en evidencia al enfrentar denuncias por el manejo corrupto de los casos de abuso dentro del clero. Uno de los más destacados fue el de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Maciel contó con el apoyo de la jerarquía eclesiástica en su país y desde el propio Vaticano. Otros casos de clérigos acusados de violencia sexual, como Theodore McCarrick y Hans Hermann Groër, para nombrar sólo a los más conocidos, también recibieron protección institucional de la Iglesia durante el mismo papado.
El caso de Marcial Maciel (Legionarios de Cristo)
No fue sólo cercanía ni afinidad ideológica: fue una protección sistemática frente a delitos probados de pederastia, abuso de poder y uso de estupefacientes. Juan Pablo II lo calificó como "guía eficaz de la juventud" y seguido por su entorno ignoró los expedientes que detallaban el abuso a decenas de seminaristas y a sus propios hijos biológicos. El Vaticano solo actuó cuando la evidencia fue pública e innegable, y el Papa era otro. El informe que reconocía los delitos se emitió durante el pontificado de Benedicto XVI.
El Informe McCarrick
Este documento oficial del Vaticano, publicado en 2020, confirmó que Juan Pablo II fue advertido directamente sobre las conductas predatorias del ex-cardenal Theodore McCarrick. Pese a las advertencias de obispos estadounidenses sobre el comportamiento de McCarrick con seminaristas y menores, Juan Pablo II decidió ascenderlo a Cardenal y Arzobispo de Washington.
El Papa que llena nuestros mapas es culpable de encubrimiento, omisión criminal y complicidad institucional. Todas figuras penales confirmadas por el mismo Vaticano.
El Sistema de Silencio (Crimen de Omisión)
El encubrimiento y la impunidad no son errores administrativos del Vaticano, sino una política institucional que prioriza el prestigio de la Iglesia por sobre la seguridad de las infancias, que hasta hoy se mantiene inalterable. El sistema se mantiene funcionando mediante el traslado de sacerdotes abusadores entre parroquias para evadir a la justicia civil, y la presión sobre las víctimas para mantener el secreto bajo pena de excomunión.
Juan Pablo II, canonizado en 2014 por el Papa Francisco, es un ejemplo de la complicidad institucional en crímenes de lesa humanidad contra las infancias, la negligencia criminal documentada en el ascenso de abusadores probados y un sistema de encubrimiento que eterniza los ciclos de violencia sexual en todo el mundo. Y está en nuestras ciudades: a nivel mundial, la presencia de Karol Wojtyła en el espacio público es masiva. Sólo en su Polonia natal existen más de 700 estatuas, incluyendo la más grande del mundo en Czestochowa. Este despliegue de bronce y cemento adorna el silencio institucional que sigue protegiendo a criminales, revictimizando a sobrevivientes y poniendo a las infancias en peligro.
El caso de Chile: Memoria versus negacionismo
En Chile, la visita de Juan Pablo II en 1987 causó una explosión de nomenclatura urbana. No obstante, el país ha sido escenario de intensas disputas por su legado. Es recordada la polémica de 2009, cuando se rechazó una escultura de 13 metros en la comuna de Recoleta por su escala desproporcionada, y culminó su derrotero en la Universidad San Sebastián. Hoy, mientras los parques de Las Condes y Puente Alto llevan su nombre, el vínculo de de Juan Pablo II con el abuso sistemático contra infancias dentro de la Iglesia se hace cada vez más evidente, más innegable para la sociedad chilena.
Radiografía de un legado de piedra y asfalto
Cifras Estimadas:
Mundo: miles de hitos (estatuas, calles y plazas) en los cinco continentes.
América Latina: más de 10,000 hitos urbanos (es el continente con mayor densidad de su nombre).
Chile: más de 50 calles y avenidas, además de múltiples parques y museos regionales.
Hitos Principales en América Latina:
México: la icónica estatua en la Catedral Metropolitana y la Avenida Juan Pablo II.
Brasil: miles de plazas denominadas "Praça João Paulo II" en casi todos los estados.
Guatemala: el Parque Metropolitano Juan Pablo II, uno de los pulmones verdes más grandes de su capital.
Colombia: el templete eucarístico en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, hito de su visita en 1986.
Hitos Principales en Chile:
Santiago: Parque Juan Pablo II de Las Condes y el parque homónimo en el sector de Bajos de Mena, Puente Alto.
Puerto Montt: el Museo Histórico Juan Pablo II, dedicado a preservar la memoria de su paso por el sur de Chile.
Escultura en la Universidad San Sebastián: monumento ubicado en la sede de la Universidad en el barrio de Bellavista, tras ser rechazada en la vía pública.
Diversas agrupaciones de víctimas de abuso eclesiástico y en entornos institucionales en todo el mundo iniciaron movimientos para exigir la revisión de la nomenclatura urbana que honra a Juan Pablo II. Argumentan que mantener su nombre en parques, calles y plazas constituye una "revictimización simbólica" en el espacio público. Las voces más potentes se alzaron en Chile, México y Argentina, pidiendo que estos hitos sean renombrados en honor a las víctimas de abuso o a figuras que representen protección a las infancias, transformando lo que hoy son monumentos al silencio en espacios de reparación histórica y memoria crítica.
Mientras las ciudades mantienen sus placas de "Avenida Juan Pablo II", la reciente vinculación a Epstein nos recuerda la enorme deuda histórica que la Iglesia mantiene con las víctimas de violencia sexual contra infancias a manos de sus líderes y funcionarios. La cartografía que se supone celebraba a un santo señala en verdad un mapa de encubrimiento, dolor y el recordatorio urbano del triunfo de la impunidad.
