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  • Red de Sobrevivientes

Nuestro derecho al tiempo

Nuestra red se hizo presente en el análisis del proyecto de ley que declara imprescriptibles los delitos sexuales contra menores (boletín 6956), en la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados.

Helmut Kramer fue nuestra voz en dicha instancia y expuso lo siguiente:



Estimadas diputadas y diputados de la Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento.


Si bien esta invitación ha sido personal, mi denuncia de abuso sexual, es un crimen que se va repitiendo en cientos de hombres y mujeres que en su momento, siendo niños, niñas y adolescentes, sufrimos en esos lugares donde nuestras madres y padres nos entregaron en confianza: colegios, iglesias, parroquias, ámbitos eclesiásticos.


Fuimos abusados bajo el manto de la confianza no solo familiar, también de la confianza que la sociedad puso en personas que terminaron siendo delincuentes sexuales. También padecemos el encubrimiento sistemático de parte de la iglesia católica que durante décadas protege a estos delincuentes cambiandolos una y otra vez de ciudades y de países, escondiendolos de la justicia e incluso disfrazando esa impunidad bajo la apariencia de un “castigo” con la mal llamada justicia canónica. La razón de exponer hoy esta realidad es por que no terminamos de entender aún cómo un Estado extranjero puede sentirse con la más absoluta libertad de poner al cuidado de nuestros niños, niñas y jóvenes en manos de abusadores y ante la más mínima denuncia cambiarlos de ciudad o simplemente sacarlos del país. Como si ya no alcanzara que por efecto de estos mismos abusos y el entorno encubridor que los rodea nos demoremos décadas en poder verbalizar el abuso, más encima una institución internacional, un Estado extranjero los esconde. Y frente a esta realidad después nos preguntan por qué se demoran tanto en denunciar, como si no tuviésemos la sensación de estar luchando contra un enorme monstruo que sobrepasa y se burla de toda forma de legalidad en nuestro país.


Nos hemos transformado esclavos del silencio y el secreto de un abuso constante, sistemático, agresivo, castrador, que ha buscado denigrarnos, cosificarnos, elevando a nuestros abusadores a sitiales de un poder morboso, inmoral e ilegal. Si el tiempo pasa, ¿este delito aberrante acaso deja de ser inmoral, deja de ser ilegal, deja de ser abuso sexual?


Entendemos que después de todo lo que hemos vivido deberíamos estar siendo cuidados y atendidos por organismos del Estado en nuestro camino de sanación. Pero con dolor nos damos cuenta que las pesadillas de nuestros abusos se cruzan con un horror del presente: niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables en peligro actual, ¡y por eso reaccionamos!.


Nuestra sociedad va comprendiendo que el abuso eclesiástico no es un tema entre el abusador y la persona abusada, tampoco es un problema privado entre el denunciante y la iglesia católica. Es una violación flagrante de los Derechos Humanos de niñas, niños, adolescentes y adultos que deja secuelas que nos han marcado de por vida. Lamentablemente este proceso de comprender y luego pasar a la acción nos parece excesivamente lento cuando de lo que aquí se trata es de infancias vulneradas.


Y en este punto nos queremos detener con especial cuidado y atención, lo hemos dicho claramente: El Abuso Eclesiástico es una violación flagrante a los Derechos Humanos. Han sido violaciones constantes y persistentes en el tiempo, causando daños reiterados a una importante cantidad de personas de por vida con secuelas que perduran más allá del momento mismo del abuso y con protección de un Estado, el Estado Vaticano.


Si por un momento se sentaran a contrastar las fechas de los abusos y la fecha de las denuncias podrán apreciar claramente que por décadas callamos nuestros abusos y sabemos demasiado bien todo lo que se demora en salir del dolor, humillación, incluso de la culpa absurda de haber sido abusados y recién ahí poder hablar.


El día de hoy estamos acá representados por uno de nosotros para pedir transformaciones profundas para acabar con el abuso en nuestra sociedad, entendemos que este NUNCA MÁS se logra con procesos educativos que sean encaminados a mejorar las relaciones interpersonales, que se acentúen en crear lazos basados en el amor, en el respeto a la diversidad, en el respeto a todo ser humano y en relaciones no violentas, horizontales y profundamente solidarias, que dejen atrás toda relación vertical y de poder entre los seres humanos, ya que estas son la base del abuso sexual.


La ciencia y el derecho comparado traen hasta nosotros el claro reconocimiento de la complejidad y particularidades de las secuelas de estos delitos en las víctimas, que se debe reconocer al sobreviviente en este sentido. Bajo dicha lógica, ¿cómo puede ser posible que cuando podemos expresar en palabras lo que sufrimos el abusador se esconda atrás de un manto de encubrimiento legal que es la prescripción al delito sexual y solo basta que se diga que pasaron tantos años para que lo que sufrimos pierda absoluta validez ante la ley chilena?, o ¿acaso su palabra vale tanto que nuestro relato debe ser silenciado una vez más, pasando a ser el Estado un cómplice de esta aberración?


Hoy abiertamente nos preguntamos y se los planteamos a ustedes diputados y diputadas que discuten este importante proyecto: ¿qué pasa cuando un proyecto de ley que se basa en el respeto a los miles de chilenos que hemos sufrido abuso sexual, que hemos sufrido violación a nuestros derechos más íntimos, cuando un proyecto así se confronta con un sistema legal que en sus bases ampara la protección a delincuentes sexuales y termina desnudando ante toda la sociedad esta realidad? ¿Acaso es el proyecto de ley el que está mal, cuando este se basa en continuos estudios que existen sobre el peso que carga sobre su memoria un niño, una niña un adolescente abusado durante toda su vida?


Sentimos que la respuesta a estas interrogantes debe ser la materialización de este proyecto en una ley de la República.


Y si llegamos a ser capaces de entender esto que para nosotros es básico, como una forma de luchar contra el abuso sexual a menores, mirando hacia el futuro, asumiendo que será válido desde el momento en que se apruebe esta ley y que por lo tanto solo será palpable en la sociedad años o a lo mejor décadas después de haber sido aprobada, qué diferencia con los que fuimos abusados antes de que este proyecto sea ley, el poder demostrar el abuso? si en este momento solo basta que el abusador diga que el crimen está prescrito, en el caso contrario, ¿ no basta nuestro relato, no basta nuestra realidad, no bastan los cuerpos abusados?, pero nos dicen si es asi tendrian que ser juzgados bajos leyes antiguas, algunas que han perdido vigencia.

Nosotros y nosotras hemos desnudado esta realidad, hemos paseado una y mil veces por la prensa revictimizándonos, sólo con la firme convicción de abrir conciencias. Nosotros hemos hecho nuestro trabajo con todo lo duro que ha sido en nuestras vidas y las de nuestras familias. Hoy son ustedes los que deben dar el paso y como representantes de nuestra sociedad buscar las formas para destrabar toda esta situación, poniendo como única preocupación central al ser humano.


Nuestro derecho al tiempo, al momento congelado en que nuestros cuerpos son abusados, nuestro derecho a detener ese momento, es nuestro derecho a bloquearlo muchas veces porque nuestra conciencia no desea vernos sufrir.


Nuestro derecho al tiempo es recordar en silencio por los años que sea necesario, en noches de pesadillas perturbadas y sudorosas sus manos rasposas, sus manos asquerosas y lentamente irlas sacando de cada uno.


Nuestro derecho al tiempo, es el derecho a reconocer mi limpieza, mi no culpabilidad, es el tiempo necesario para intentar comprender, entender, lo que no busqué, lo que no elegí. Entender que mi cuerpo rechazó, gritó en silencio, que mis ojos en ese momento te dijeron

detente y tú, asqueroso abusador, no escuchaste.


Nuestro derecho al tiempo, es el que necesitamos para poder empezar a hablar, lentamente, poco a poco, uno a uno, primero a esa persona que me acompaña, luego a otro, a la familia, amigos, amigas, parejas.


Es el derecho que tenemos de esperar ese momento donde podemos decir necesito ayuda,

ya no quiero ni puedo guardar esto dentro mio.


Mi derecho al tiempo, es el derecho que tengo, que tenemos, para poder reconocer que

fuimos abusados, que sobrevivimos a un abusador, es el tiempo que necesitamos para

ponernos de pie y dejar de callar, y poder gritar, denunciar, acusar, buscar la justicia.


Necesitamos ese tiempo, que nos permita reconciliarnos con ese momento impuesto con

fuerza, necesitamos ese tiempo de comprensión y sanación interna.


Y si ese tiempo demora años, entonces la justicia debe esperar esos años necesarios para

poder tomar al agresor y juzgarlo.


Hoy necesitamos en Chile la aprobación de la ley que pone fin a la prescripción a los delitos

de abuso sexual.


Lo primero es el ser humano, valor central de una nueva cultura.


Muchas gracias.


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