Doscientos millones de infancias en riesgo

La trilogía de libros publicada por Juan Carlos Claret Pool suma más evidencia, datos, cuestiones claves para comprender los problemas estructurales que explican los abusos y la impunidad al interior de la Iglesia Católica.


Dos representantes de esta Red de Sobrevivientes prologamos el tercer tomo, Esperanzado: Intervenciones éticas ante los abusos eclesiásticos; libro que explica cómo el abusador cuenta con un entorno favorable para su impunidad "y que la Iglesia tiene hoy a su haber el cuidado de 200 millones de niñas y niños en Chile y el mundo. Hay mucho en riesgo como para ser indiferentes." señala Claret.


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Doscientos millones de infancias en riesgo.


Quienes padecimos del delito de abuso sexual en las infancias en entornos a cargo de la Iglesia Católica siempre nos enfrentamos en algún momento de nuestra historia con una pregunta debilitante ¿seré la única persona que vivió esto? El silenciamiento, protección y encubrimiento de estos crímenes cometidos por sacerdotes, religiosas, religiosos, diáconos, laicos y otras figuras al interior de la institución generan un manto que daña primero a las víctimas del delito, quienes tardarán décadas en poner en palabras lo vivido, si logran hacerlo. Pero también dañan a la comunidad que visita esos espacios, pone en riesgo a infancias y adolescencias que seguirán en contacto con violadores investidos de un poder incuestionable al sostenerse en la fe de las familias y de la sociedad que ponen al cuidado de criminales a sus niñas, niños y adolescentes.


Silenciar implica protección institucional y del delincuente directo. Silenciar es abandonar al denunciante a su suerte. Silenciar acalla nuevos testimonios. Silenciar es construir impunidad desde la estructura misma de la Iglesia. Silenciar es no cuidar, no proteger y no prevenir delitos contra las infancias en entornos eclesiásticos.


La cifras sobre Abuso Sexual Infantil (ASI), develación de dichos crímenes y qué hace la institucionalidad con ello se las dejamos al autor de este libro. Que se publique una trilogía a este respecto nos parece fundamental porque hasta el día en que toda la sociedad comprenda la profundidad del daño, lo masivo de estos crímenes contra los derechos humanos y la infancia, además de la transversalidad de estos; el Estado de Chile no tomará las medidas necesarias para asegurar verdad, justicia y reparación para quienes ya fuimos vìctimas pero también prevención urgente. A datos del 2018, más de 67 millones de niños niñas y adolescentes están en un peligro mayor de sufrir abusos en el mundo al participar de entornos eclesiásticos si contamos solamente al alumnado reconocido por el propio Vaticano. Si proyectamos con datos informados por la Iglesia a Naciones Unidas el 2014 la cifra supera con creces los 200 millones de personas en riesgo.


Labor clave de las redes de sobrevivientes en el mundo es luchar contra el silenciamiento. Que cualquier persona abusada que se enfrente a la duda de si acaso fue atacado por “esa” manzana podrida o por un agente de una red pedófila de poco alcance dentro de la Iglesia, que tuvo la “mala suerte” de encontrarse en su infancia con un abusador y se cuestione ¿seré la única persona que vivió esto? sepa con claridad que no es la excepción sino más bien la norma.


A juicio de las organizaciones que trabajan con derechos de la infancia hoy asistimos a la tercera ola de denunciantes. La primera chocó con un muro, la segunda consiguió victorias parciales de visibilización y activó por parte de la Iglesia comandada por Francisco Bergoglio un plan de marketing -ensayado primero en Chile- con el fin de salvar a la institución de la debacle de imagen que significa la apertura de esta caja de pandora. Pero lejos de lo que dicho plan comunica, no se implementaron cambios ni ninguna reforma que rompa con el núcleo del problema, descrito con claridad en los libros de Claret.


La Red de Sobrevivientes chilena corresponde a la tercera oleada que trabaja por terminar con la impunidad y sobre todo para que se dote a los estados nacionales de las herramientas y del coraje necesario para accionar sobre los entornos eclesiásticos y terminar con un riesgo del presente sobre las infancias y adolescencias. El lema de nuestra Red lo dice: “No somos los primeros. Trabajamos para ser los últimos.”


Mucho antes de que en Australia y Nueva Zelanda se iniciaran las investigaciones públicas sobre la institucionalización del abuso en la infancia, un movimiento de personas que sufrieron abusos en guarderías, el CLAN (Care Leavers Australasia Network), presionaron para hacer justicia e introdujeron el tema en la agenda política desde los años 90.


Avanzado el 2020 incluso en países tradicionalmente conservadores como el nuestro, hay redes que están dando esta lucha: Italia y Polonia presentan fuerte actividad en demandar justicia a sus sistemas jurídicos y judiciales; además de Estados Unidos, Irlanda, Argentina y nacientes movimientos en Perú, México, Bolivia y otros países reconocidos por la cantidad de fieles católicos en sus territorios.


Pero lograr justicia no debería depender de los sobrevivientes, como ha señalado Victor Sande-Aneiros, de CRIN: “Para que una investigación pública llegue a ocurrir, los políticos deben atender sus demandas y aportar al lobby del gobierno de turno. La Justicia necesita que la policía y los fiscales actúen independientemente de las instituciones de poder que son investigadas. Una reforma legal necesita lo mismo de los legisladores. Y la cobertura de los medios sobre el tema ayuda a hacer presión sobre todos los sectores pertinentes. Si los abusadores y las instituciones que los apañan han de enfrentarse a los tribunales, la clave para lograr justicia para los sobrevivientes de abuso sexual recae por completo en la respuesta colectiva.”


Hasta que Chile no comprenda que el ASI en entornos eclesiásticos es un problema que destroza vidas y daña a toda la sociedad borrando fronteras de credo, no se producirán los cambios necesarios para terminar con este flagelo. Colegios, hogares de niños, niñas y adolescentes vulnerables, parroquias, grupos scouts, ¡universidades! La lista de espacios controlados por la Iglesia no distingue clases sociales ni geografías a la hora de prestarse como escenarios del abuso. Un hogar de SENAME en una región alejada de los valles centrales comparte el horror del ASI con el colegio más empinado de las clases altas de la capital.


Desde la Red de Sobrevivientes venimos exigiendo al Estado una Comisión que investigue estos crímenes a fin de cambiar el futuro de las infancias del presente y dar justicia y reparación a las niñas y niños que fuimos. Que esta trilogía sea parte de la denuncia constante nos parece un hito en un camino plagado de sinsabores ante el inmenso poder del Vaticano que ha sabido comprar y fidelizar -en el peor sentido de aquellos verbos- demasiados poderes en un Chile roto.



Por la Red de Sobrevivientes.

Helmut Kramer

Eneas Espinoza

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