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Derechos humanos, una ética para Chile.

Actualizado: ene 8

(Nuestra presentación en la Comisión Chilena De Derechos Humanos el día 10 de septiembre de 2019.)


En primer lugar, en nombre de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Chile agradecemos a la Comunidad Cristiana de Base José Aldunate por esta invitación a exponer nuestros puntos de vista.


La violencia sexual ha sido definida por organismos y cortes internacionales como una forma de tortura, por las graves consecuencias que marca en las vidas de seres humanos, por un lado en procesos internos, que parten en una situación de vida obligada por uno o unos terceros, que condiciona no solo la sexualidad del que ha sufrido el abuso, condiciona cada momento de su vida, recordándole esa ocasión en que fue abusado.

La violencia sexual, condiciona un silencio, escondido en la profunda vergüenza de haber sido usado, un silencio que lleva cada sobreviviente desde el miedo a hablar, por la crítica social, la duda familiar, el cuestionamiento de ese medio inmediato, ¿cómo puedo decirles a otros que un sacerdote o una monja abuso de mi persona? ¿quién me va a creer?

La violencia sexual condiciona una forma de vida de cada hombre y mujer que lo ha sufrido.

Sí, el abuso sexual bajo cualquier contexto es una forma de tortura, porque es obligada, no deseada, atenta contra la libertad humana, marca el cuerpo quedando grabada en la memoria de por vida. Es una forma de tortura por que busca denigrar y cosificar al ser humano.

Es una violación a los Derechos Humanos porque golpea a la sociedad en su conjunto.


Artículo 1

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Ya desde el artículo 1 de la Declaración universal de los DDHH el abuso sexual golpea la conciencia de la humanidad, quita la libertad y mata todo tipo de dignidad, el sentido fraternal en que debemos vivir queda simplificada a que un ser humano solo sirve para el placer y los deseos de poder de otro.


Artículo 3

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Cómo podemos expresar en palabras la vida de una persona cuando camina por su existencia sabiendo que el acto del abuso ha coartado todo derecho a una vida segura, a una vida plena, de que seguridad podemos hablar, cuando no existe una sociedad que se levante bajo los valores de la solidaridad, la reciprocidad, cuando no vivimos en una sociedad donde el valor central sea al Ser Humano. Vivimos en una sociedad donde el valor del fuerte y el poderoso determina la libertad individual y social, donde la fuerza de unos pocos y pocas decide el significado de la palabra seguridad, individualizando la vida de miles y millones, perdiéndose el sentido del todos, del nosotros. No puedo dejar de recordar en este momento la historia de un querido amigo cuando me relata que en su niñez fue abusado en su colegio por un sacerdote, al contarlo en su familia, la respuesta fue tratarlo de niño mentiroso, al poco tiempo fue abusado por un hombre que trabajaba en su hogar y guardó silencio, su familia supo de esta situación y lo retaron por haber provocado a ese hombre, en su adolescencia volvió a ser abusado por otro sacerdote, por años guardó silencio, donde quedo su libertad y su seguridad?, hoy recuerdo a mi amigo en este lugar por que fue hace un año, un día 11 de septiembre donde pudo ponerle nombre a su existencia, él me dijo soy un muerto en vida.


Artículo 5

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Hoy cuando planteamos que el abuso sexual es una violación a la DDHH, queremos ser profundamente descriptivos y detenernos un rato en el abuso eclesiástico y con esto decimos claramente, a través de la historia de la iglesia católica han existido sacerdotes, monjas y parte del laicado que han ocupado la tortura como forma de dominación, han maltratado cuerpos de niños, niñas, jóvenes y adultos vulnerables marcando sus conciencias en una profunda degradación. Pero no existe la tortura si no se da en un contexto de poder donde existe una organización que avala y permite que estos delincuentes abusen, y esa organización se llama iglesia católica, nunca fue un secreto el abuso de poder, conciencia y sexual dentro de esta organización, ya existen cartas por el año 1100 que habla de esta realidad, cartas dirigidas al Papa de turno y cuando una organización que con el tiempo toma forma de un estado es parte de este cultura perversa.

El papado siempre ha sabido de estos abusos y no existe ni un Papa que haya intentado cambiar esa situación, y hoy Jorge Bergoglio es la máxima demostración que son cómplices de abuso, maltrato y tortura, no olvidemos que este señor está acusado ante la justicia argentina como encubridor de violadores, no olvidemos que Jorge Bergoglio sigue manteniendo no solo en Chile sino que en todo el mundo en lugares de privilegio a abusadores y encubridores.


Artículo 7

Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

La principal característica de la justicia canónica está en que en su sentido más profundo permite el encubrimiento y legaliza la cultura del abuso, es un sistema legal donde quita toda igualdad de condiciones entre el abusador y el sobreviviente, manteniendo la relación de poder de uno sobre otro, este sistema de justicia ha sido cuestionado en diversas ocasiones por las Naciones Unidas, siendo la última vez el año 2014, donde esta envía al Vaticano una serie de recomendaciones, el estado del Vaticano aún no responde a este documento, o se sienten tan poderosos, se sienten siendo los pastores del mundo como para pasar por encima de los DDHH de millones de personas abusadas en todo el mundo?

Pero en el caso de Chile la situación no es muy distinta, sólo este año es reconocido por ley el derecho al tiempo de sobrevivientes de abuso sexual en la niñez y adolescencia sin carácter retroactivo, dejando fuera a adultos vulnerables que lo han sufrido y también dejando fuera a todos y todas los que sufrimos abuso antes de la firma de la ley, esta ley es un avance, pero no un avance total.

El sistema legal chileno no parte aún de la premisa básica que el abuso sexual es una forma de tortura, aun no lo reconoce como una violación a los DDHH, mientras no dé ese paso nuestro sistema va a estar encerrado en el mundo de la revictimización constante no permitiendo la superación del dolor, ya es hora de que nuestros representantes comienzen a hablar de esta dura realidad, el abuso sexual es un problema social, no individual.


Artículo 25

Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

El abuso sexual es un problema de toda la sociedad, es un problema que debe ser asumido como tal por el conjunto de las naciones del mundo y en el caso particular de nuestro país debe ser reconocido como un problema de salud pública, y esto no solo se trata de los costos económicos que significan los tratamientos, tiene que ver con la dignificación de cada persona abusada, tiene que ver con ese reconocimiento que hemos hablado, donde sus derechos fueron pisoteados mientras la sociedad no miraba lo evidente, en el caso del abuso eclesiástico, debe ser el estado de Chile quien levante la más fuerte y decidida defensa de los DDHH obligando legalmente a la institución culpable a responder por la salud sicológica y física por todos y todas las personas que han sufrido de abuso.


Artículo 26

La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

Entendemos la educación como la herramienta básica y fundamental que permita una transformación personal y social en la forma de relacionarnos, creemos en un sistema de educación que entregue valores basados en la solidaridad, reciprocidad, diversidad, que eduque en el profundo amor a la libertad humana, por lo tanto que siente las bases de una sociedad con relaciones no desiguales, entendiendo que la desigualdad del poder es lo que permite el abuso de unos pocos a muchos.

Debemos avanzar hacia una educación sexual basada en la ética del cuidado y no mantenernos en un sistema educativo basado en dogmas y creencias que tanto daño han hecho a nuestra sociedad.

Para esto el Estado chileno debe no sólo revisar sus principios de educación, también debe hacerse cargo de una fuerte realidad, en los colegios que son parte de la iglesia católica se ha abusado y no puede ni debe mantenerse al margen de esta situación, a través del Ministerio de Educación debe intervenir estos establecimientos, porque han demostrado no ser un lugar seguro para niños, niñas y adolescentes y debe ser la Defensoría de la Niñez el organismo que resguarde estos espacios. Como así también tiene la obligación de revisar los nexos que existen entre el SENAME y la iglesia católica a través de fundaciones y congregaciones transformado el cuidado de niños, niñas y adolescentes en un negocio lucrativo en mano de organizaciones abusadoras.


Comentarios importantes que unen la violación a los DDHH por parte del estado bajo dictadura y bajo ambiente eclesiástico.

“Hay una memoria que lo tiene registrado pero lo encubre todo con cierta amnesia carnavalesca que se produjo con el cambio de sistema, que hizo que todo eso pasará a segundo plano. Aquí no hubo un nunca más ni un Nuremberg, aquí todos se hicieron los lesos, los que no veían ni escuchaban. Chile es eso”. (Pedro Lemebel, “No tengo amigos, tengo amores”).


En las capas de la memoria individual y social ha quedado guardado el dolor del abuso, en un profundo silencio, pero en cada paso y acto germina desde un cuerpo que avisa, desde una mala decisión, desde una pesadilla, una mala relación, pero la memoria no miente, ACUSA y se expresa.

Nos quieren empujar desde un olvido, una negación profunda, cada vez que la iglesia católica, niega su cultura abusiva, patriarcal y de poder lo que hace es negar cada uno de los abusos, de que sirve que entreguen las mal llamadas manzanas podridas, como actos individuales y separados, si no son capaces de asumir que desde su podium de pastores de ovejas cimentaron esta cultura.

De esta forma solo han buscado esconder su participación como estructura y sus crisis sistémica.


“Todos estos cuentos que algunos encontraban tremendistas y no era ni la décima parte del horror lo que yo presentía. Y ese presentimiento de lo que había ocurrido tenía que ver seguramente con mi lugar de observación, el mismo lugar que yo tenía en el liceo respecto a mis compañeros. De haber visto por ejemplo, cadáveres el 12 de septiembre”. (Pedro Lemebel, “No tengo amigos, tengo amores).


¿Cuántas veces no escuchamos por parte de miembros de la dictadura que las violaciones a los DDHH eran agrandadas por víctimas escandalosas que solo buscaban desestabilizar el régimen? ¿Cuántas veces no hemos escuchado a laicos, monjas y sacerdotes, que todo esto no es más que un escándalo de un grupo de zurdos mal intencionados que solo pretenden enlodar el nombre de la iglesia católica?

Y aún el horror era y es mucho más grande.

Han tratado de minimizarlos, pero si solo le sacaron unas fotos de desnudo a unos jóvenes sin poder claro de decisión frente al poder de un sacerdote, pero si solo le dio un manoseo, pero si solo...


“Mediante el rumor se supieron muchas cosas horrorosas que estaban ocurriendo en este país. Yo las supe así y esa es la única forma de rescatar la historia no recogida por el historiador oficial”. (Pedro Lemebel, “No tengo amigos, tengo amores).


La historia del abuso eclesiástico partió en silencio, los comentarios de alumnos que algo escucharon, que parece que vieron, que les tocó vivir una supuesta caricia que no decía nada y lo decía todo, un momento de silencio donde la confesión debía darse sentado en las piernas de un “buen hombre”. En los patios se escuchaba, que parece que el cura tenía gustos raros, inclusive ese cura que hablaba contra la dictadura.

Hace un tiempo atrás se me acercó una persona en la calle, después de asegurarse que yo era el que andaba denunciando curas me dijo, yo estudié en el mismo colegio que tú, y todos sabíamos que algo raro pasaba, pero nadie lo decía. Fuimos construyendo la verdad desde el rumor, en los pasillos se contaba lo que no se hablaba.

¿Y qué habrán hablado nuestros profesores en su silencio? ¿por que aun no hablan?


Y ahora cómo avanzamos?

Hoy esa es la pregunta fundamental.

Sentimos que solo podemos avanzar como sociedad hablando con respeto y seriedad sobre el abuso sexual, primero reconociendo que nos ha atravesado como sociedad en toda nuestra historia, que hemos vivido y naturalizado la cultura del abuso en todas sus expresiones, debemos conversarlo en nuestros hogares, escuelas, lugares de trabajo, no debemos seguir temiendo la verdad, para superarlo en primer lugar hay que abrir la herida y hacerla frente, el silencio es cómplice.

Pero no solo es cómplice el silencio personal, también el de la sociedad y del estado. Debemos desectructurar todo un sistema de creencias donde se normaliza esta cultura de dolor, y acá hago un fuerte llamado al laicado, no sólo son culpables quienes han abusado, también son culpables quienes pusieron las condiciones para que el abuso camine entre sus filas y estos tienen nombre y apellido, son los llamados encubridores, el nombre de los encubridores es iglesia católica.

La sociedad debe revalorizar al ser humano como valor central y aprender que los actos humanos no terminan en cada uno, las decisiones que tomemos en conjunto nos afectan a todos y todas, y si la decisión social es cuidarnos entre todos y todas podremos avanzar hacia un gran NUNCA MÁS ABUSO, NUNCA MÁS VIOLACIONES A LOS DDHH, podremos avanzar hacia una sociedad del respeto, una sociedad de la libertad.

Finalmente queremos decir que ha llegado el momento que el Estado chileno a través de sus poderes trabaje para cambiar las relaciones de poder en que se sustenta toda forma de abuso sexual independiente del contexto en que se presente, por un lado creando las condiciones para que la justicia investigue y realice su trabajo sin intromisión ni interferencia de cualquier otro poder del estado u organización.

Nuestros parlamentarios deben trabajar en las transformaciones educacionales que permitan una educación que valorice al ser humano en su dimensión más profunda que es la libertad, solidaridad, reciprocidad y respeto, y también en una legislación que garantice la igualdad de todos y todas quienes vivimos en nuestro país terminando con los privilegios que aún mantienen organizaciones que han demostrado en hechos que son parte activa de la cultura del abuso.

Y por último, para lograr comprender el fondo y raíz del abuso es obligación del presidente de Chile, más allá de quien esté ocupando ese cargo, crear una Comisión que permita estudiar y comprender en profundidad el abuso sexual en nuestro país, si se logra llevar adelante esta comisión, es porque nuestra sociedad ha logrado comprender que estamos frente a unos de los más graves problemas sociales. Esta comisión debe ser estatal y totalmente independiente de la iglesia católica, SENAME y toda organización vinculada a acusaciones de abuso, ya que ellas no pueden ser solución al ser parte del problema.

Muchas gracias.

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