• Red de Sobrevivientes

Una pandemia no borra la otra

Victor Sande-Aneiros

CRIN - Child Rights International Network.



Con el surgimiento y la diseminación del Covid-19 a lo largo del año, existía el riesgo de que cualquier avance previo en dirección a garantizar justicia a los sobrevivientes de abuso sexual en la infancia en instituciones religiosas fueran interrumpidos, demorados, o lo que es peor, olvidados. Pero si miramos qué pasó alrededor del mundo, las cosas resultaron un tanto diferentes.


En febrero, senadores mexicanos propusieron crear una comisión independiente para investigar abusos sexuales cometidos contra infancias en la Iglesia Católica de su país. En Polonia, durante el mes de mayo, los hermanos Sekielski, una dupla de cineastas, lanzaron un nuevo documental acerca de abusos cometidos por el clero polaco, que ya tuvo más de 7.5 millones de vistas. En agosto, en Escocia, se presentó en el Parlamento un proyecto de ley para establecer un esquema de reparación histórica para los sobrevivientes de abuso en la infancia al cuidado de instituciones. Y en septiembre, la comisión real sobre abuso en instituciones estatales y religiosas de Nueva Zelanda mantuvo más de 500 reuniones privadas con sobrevivientes de abuso, más 1.700 programadas.


Sin embargo no todas fueron buenas noticias para los sobrevivientes, como la impactante absolución del Cardenal Pell que tuvo lugar en abril. No obstante, observamos que el Covid-19 no disipó el tema de la agenda pública o política, ni le otorgó ninguna excusa.



¿Cómo podemos ayudar?


El abordaje de CRIN a estos acontecimientos no es comenzar de cero por nuestra cuenta, sino ayudar a construir sobre el trabajo que los sobrevivientes de abuso vienen llevando a cabo por décadas. Como organización internacional, la fortaleza de CRIN consiste en reconocer la transversalidad regional y la amplitud del panorama: cómo los países pueden seguir sus reformas, cómo los grupos de sobrevivientes pueden estimular a sobrevivientes de otros países a movilizarse, y cómo organizaciones aliadas como CRIN pueden contribuir.


En noviembre de 2019, publicamos una nueva investigación sobre abuso sexual en la infancia en la Iglesia Católica latinoamericana, que mostró casos en todos los países de la región. Fue el primer panorama regional sobre el tema, y nos hizo preguntarnos qué sigue, dado que no queríamos que nuestro informe termine juntando polvo en un estante. Influir sobre los pasos a seguir a partir de las experiencias de Latinoamérica y el resto del mundo. Quizás, y con mayor importancia, entendimos que para incrementar la visibilidad del tema y para que los sobrevivientes están más cerca de lograr justicia, un país necesita contar con una red nacional creada y conducida por sobrevivientes, con aliados políticos en el gobierno y una investigación independiente a nivel nacional, siendo estos tres elementos clave para preparar los fundamentos de una reforma y una reparación.


En Latinoamérica, sin embargo, somos conscientes de que sólo en tres países los sobrevivientes de abuso sexual eclesiástico se movilizaron colectivamente: Argentina, Chile y México. Resulta una omisión flagrante que existan tan pocas redes de sobrevivientes, teniendo en cuenta lo inconmensurable del apoyo y la orientación que estas organizaciones brindan a quienes sufrieron abuso, al tiempo que las campañas y concientización que llevan a cabo son clave para introducir el tema en la arena política donde se tratan las reformas. Por estas razones, creemos que cada país latinoamericano debería tener su propia red de sobrevivientes. Porque, alrededor del mundo, han sido siempre las redes de sobrevivientes (funcionando como organizaciones formales o como grupos de apoyo informales) las que marcaron el camino para movilizar a otros sobrevivientes y llevar a cabo demandas colectivas por verdad, justicia y reparación. Sin ellas, estas demandas llegan a oídos sordos. Y la historia nos muestra que siempre es más difícil ignorar a un grupo grande que a una sola voz.


Aprovechando lo que está a nuestro alcance


Volviendo a la pregunta de qué sigue -y dada la situación sanitaria actual-, ¿qué podemos hacer pese a la pandemia de Covid-19?


Más importante, tanto los sobrevivientes como las organizaciones aliadas deben seguir adelante con las campañas, porque sabemos que el abuso se agrava cuando disminuye la vigilancia. En medio de una pandemia global, sabemos, por ejemplo, que muchas personas enfrentan un mayor riesgo de violencia, incluyendo a las infancias, tanto online como de manera presencial, a causa del aislamiento creciente de redes de apoyo como docentes, amistades o familia extendida. Y cuando los pedidos de ayuda se silencian, sólo se reafirma la impunidad y la reiteración del abuso.


La necesidad de continuar con las campañas y la concientización es especialmente oportuna para Latinoamérica, una región que ya ha sido testigo de notables reformas en los últimos años, y una señal para otras. Al menos en cinco países (Nicaragua, El Salvador, Peru, Ecuador y Chile) fueron abolidos los estatutos de prescripción del abuso sexual en la infancia, con una propuesta similar en Argentina. La demanda de investigaciones a nivel nacional se ha llevado a cabo hasta ahora en Chile y México, mientras Ecuador y Perú avanzaron en investigaciones menores e inter-partidarias sobre abuso sexual en la infancia. Estos avances vienen desde hace mucho tiempo, es importante mantener el impulso.


Lo que vemos ahora -más que nunca-, es que necesitamos estar mejor conectados. A pesar de la desventaja de la distancia física, esta situación también ofrece la oportunidad de mejorar la comunicación entre nosotros, del mismo modo que la virtualidad borra las fronteras, una oportunidad infinita para el crecimiento de las redes de activismo dentro y fuera de los países. No deberíamos subestimar este potencial, así como existe fuerza no sólo en el número sino también en las distintas habilidades y experiencias. No poder encontrarnos personalmente no significa que la red de activistas y aliados no pueda crecer hasta convertirse en un movimiento por la verdad, justicia y prevención del abuso. Esta es la búsqueda que definirá nuestros próximos pasos.



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